El coste real de la carga administrativa en fisioterapia

En resumen

  • Los fisioterapeutas y los terapeutas ocupacionales dedican gran parte de su jornada laboral a rellenar historiales, tomar notas y tramitar la documentación necesaria para el cumplimiento normativo, y gran parte de ese tiempo se prolonga en horas no remuneradas tras el horario de la consulta.
  • Las investigaciones relacionan esta carga administrativa con el agotamiento profesional entre los profesionales sanitarios, y el agotamiento profesional está estrechamente relacionado con la rotación de personal y con el abandono de la práctica clínica directa por parte de estos profesionales.
  • La Asociación Americana de Fisioterapia y otros organismos similares consideran ahora que la carga administrativa supone un problema estructural de la plantilla, y no una cuestión de gestión individual del tiempo.
  • Las clínicas están probando varias medidas al mismo tiempo, entre ellas un mayor uso de auxiliares y personal de apoyo, cambios en la programación de citas y en las plantillas de notas, y tecnología para la documentación.
  • No hay una única medida que haya resuelto el problema, y la respuesta del sector sigue siendo un experimento en curso que abarca la dotación de personal, los flujos de trabajo y la tecnología.

¿Cuánto tiempo del día de un profesional sanitario se dedica al papeleo?

Un fisioterapeuta que atiende a pacientes durante todo el día rara vez termina de completar la documentación durante esas visitas. Los estudios de tiempo y movimiento sobre la rehabilitación ambulatoria y hospitalaria revelan sistemáticamente que la documentación, la codificación y los trámites de cumplimiento normativo consumen una parte significativa de la jornada laboral, que a menudo se estima entre una cuarta parte y un tercio de las horas clínicas. Esa proporción aumenta en entornos con una elevada carga de informes reglamentarios, donde una sola visita puede generar notas de evolución, actualizaciones del plan de cuidados, medidas de resultados funcionales y justificaciones específicas para cada aseguradora con el fin de continuar el tratamiento.

La diferencia entre el tiempo que los profesionales sanitarios creen que les llevará redactar la documentación y el tiempo que realmente les lleva es una de las principales causas de frustración. Si le preguntas a un fisioterapeuta cuánto tiempo debería llevar redactar un informe, la respuesta suele ser «unos minutos». En la práctica, un informe de evaluación exhaustivo que cumpla con los requisitos de Medicare y de las aseguradoras privadas puede llevar entre quince y veinte minutos, y una jornada completa de consultas acumula esos minutos hasta convertirlos en horas. El trabajo no desaparece porque la clínica cierre a las cinco.

Ese exceso recae en lugares previsibles. Los profesionales sanitarios terminan sus notas durante el almuerzo, entre un paciente y otro, tras la última visita del día o en casa, con el portátil, después de cenar. El sector tiene un nombre para esta última categoría, «la hora del pijama», tomado de una investigación médica sobre la redacción de historiales fuera del horario laboral. Cuando la documentación no cabe dentro del horario programado, invade el tiempo personal no remunerado, y es el profesional sanitario quien asume el coste, en lugar de la clínica.

Las normas de reembolso y cumplimiento explican por qué la carga sigue aumentando en lugar de reducirse. Las entidades pagadoras no reembolsan un tratamiento que no pueden verificar, por lo que cada servicio facturable requiere documentación que demuestre su necesidad médica, que esté vinculada a un plan de cuidados justificable y que resista una auditoría. Los terapeutas ocupacionales se enfrentan a una carga similar, ya que la documentación funcional y los informes de evolución están sujetos al mismo escrutinio por parte de las entidades pagadoras. A medida que las entidades pagadoras endurecen sus requisitos y añaden obligaciones de información sobre los resultados, el papeleo asociado a cada visita aumenta, incluso cuando el trabajo clínico sigue siendo el mismo.

El resultado es un desajuste estructural. Las clínicas programan las citas de los profesionales sanitarios para atender a los pacientes, ya que las visitas de estos generan ingresos, mientras que la documentación que debe acompañar a dichas visitas no cuenta con un tiempo específico en la agenda. Un terapeuta con citas consecutivas durante ocho horas tiene, sobre el papel, cero minutos para las más de dos horas que requiere la elaboración de los informes de esas visitas. Algo tiene que ceder, y lo que suele ceder es el propio tiempo, la energía y, a la larga, la voluntad del profesional sanitario de seguir en el puesto.

Desde la sobrecarga de trabajo administrativo hasta el agotamiento y la deserción

El agotamiento y la rotación de personal miden dos cosas diferentes, y las clínicas notan más esta última. El agotamiento describe el estado interno de un profesional sanitario: el agotamiento emocional, el cinismo y la disminución de la sensación de realización que se acumulan tras meses de elevada carga administrativa. La rotación y el desgaste describen lo que ocurre a continuación cuando ese profesional reduce su jornada, se marcha a otro entorno o abandona por completo la atención al paciente. Un fisioterapeuta puede sufrir agotamiento durante mucho tiempo antes de que esto se refleje en una carta de dimisión, razón por la cual las cifras de personal van por detrás de la tensión subyacente.

La carga de documentación está estrechamente relacionada con el agotamiento, pero la correlación es donde termina una interpretación honesta. Los profesionales clínicos que afirman dedicar más tiempo a la documentación también refieren un mayor agotamiento, y ambos patrones aparecen en encuestas realizadas a fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales. Lo que esas encuestas no pueden demostrar es que el papeleo por sí solo provoque que la gente renuncie. El volumen de casos, las cuotas de productividad, la presión por los reembolsos y la autonomía limitada van de la mano en los mismos puestos de trabajo, por lo que un profesional clínico que se ahoga en el papeleo suele estar ahogándose en varias cosas a la vez. La carga de la documentación es un hilo conductor constante en ese conjunto de factores, no una causa única y clara que se pueda aislar y culpar.

El contexto influye en la experiencia mucho más de lo que sugiere cualquier media nacional. En ortopedia ambulatoria, la carga suele provenir del volumen de trabajo, con citas consecutivas que obligan a seguir redactando informes hasta después de atender al último paciente del día. En los centros de cuidados especializados, la presión se desplaza hacia el cumplimiento normativo y la codificación para el reembolso, donde la documentación existe tanto para satisfacer a las entidades pagadoras y a los organismos reguladores como para orientar la atención sanitaria. Los profesionales sanitarios a domicilio se enfrentan a una versión diferente, ya que deben completar evaluaciones detalladas y el papeleo del plan de cuidados en el coche o en la mesa de la cocina entre visita y visita. Una única cifra sobre la «carga de la documentación» simplifica en exceso tres realidades laborales genuinamente diferentes.

La etapa profesional también influye, aunque en este caso los datos son más escasos y conviene tomarlos con cautela. Los profesionales clínicos que se encuentran en las primeras etapas de su carrera tienden a presentar índices más elevados de agotamiento, lo que varios observadores atribuyen a la brecha existente entre el trabajo de atención directa al paciente para el que se formaron y la realidad administrativa del puesto. A partir de los datos disponibles, resulta difícil determinar si ese patrón refleja específicamente la carga de documentación o el impacto más general que supone incorporarse a la práctica profesional. Lo que sí parece claro es que los profesionales clínicos con mayor probabilidad de abandonar la profesión prematuramente son también aquellos a los que la profesión ha dedicado más años a formar en los últimos tiempos.

El coste de la pérdida de personal se agrava de formas que una encuesta sobre el agotamiento nunca refleja. Sustituir a un profesional clínico con experiencia requiere meses de selección y incorporación, durante los cuales la carga de trabajo se distribuye entre el personal restante, y esa carga adicional aumenta el riesgo de agotamiento para quienes se quedan. Una clínica puede perder a un terapeuta debido al agotamiento por el papeleo y, a raíz de esa pérdida, empujar a otros dos hacia la misma salida. La escasez de personal que muchos centros denuncian actualmente es, en parte, un círculo vicioso que se refuerza a sí mismo, más que un simple problema de flujo de personal.

Nada de esto demuestra que mejorar la documentación solucione el problema de la retención del personal, y sería deshonesto afirmar lo contrario. Lo que las pruebas respaldan es más específico, pero no por ello menos grave. La carga administrativa es uno de los factores que se citan con mayor frecuencia como causantes del agotamiento; el agotamiento es un precursor bien establecido del abandono de la práctica clínica; y los entornos con mayor volumen de papeleo derivado del cumplimiento normativo presentan algunas de las mayores tensiones en la plantilla. Esa cadena cuenta con suficientes eslabones documentados como para considerar la carga como una variable real que afecta a la plantilla, incluso cuando el último eslabón causal sigue sin estar demostrado.

Por qué los organismos profesionales consideran ahora que se trata de un problema laboral

La Asociación Americana de Fisioterapia (APTA) ha trasladado la carga burocrática de la documentación de la categoría de queja individual a su agenda formal de defensa de los intereses del sector. La labor de la APTA en materia de normativa y pagos se centra en los requisitos administrativos asociados a Medicare y a las aseguradoras privadas, incluyendo la autorización previa, la documentación de la necesidad médica y las normas de codificación que determinan cómo se registra cada visita. Cuando un organismo profesional nacional dedica personal especializado en políticas y cartas de comentarios a un problema, eso indica que se trata de un problema estructural y no de una cuestión de que los profesionales clínicos tarden en redactar sus informes.

La APTA ha señalado sistemáticamente que la carga administrativa constituye una barrera para el acceso de los pacientes y una presión para el personal sanitario. En sus observaciones a los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid sobre las normas de documentación y pago, sostiene que los requisitos excesivamente detallados consumen tiempo clínico sin mejorar la atención. Las prioridades normativas más amplias de la asociación también se centran en la reforma de la autorización previa, ya que los trámites burocráticos necesarios para que se apruebe un tratamiento retrasan la atención y añaden horas de trabajo no remunerado a la semana laboral del personal clínico. Se trata de posiciones defendidas ante los reguladores federales, no de argumentos dirigidos a los miembros.

La Asociación Americana de Terapia Ocupacional adopta un punto de vista similar en lo que respecta a los terapeutas ocupacionales, al considerar la complejidad de la documentación y los reembolsos como cuestiones relacionadas con la plantilla y el acceso, más que como meras notas al margen de carácter clínico. Ambas organizaciones abordan la cuestión de la misma manera. La carga de documentación no existe por sí misma, sino que surge de las normas de las entidades pagadoras, las obligaciones de cumplimiento y la protección frente a auditorías, y se acumula sobre el historial clínico que realmente sirve de base para la atención sanitaria.

La lectura conjunta de estas posiciones revela algo que las quejas individuales no pueden mostrar. Si la carga se debiera principalmente a un problema de competencias o a un rasgo de personalidad de los profesionales clínicos a los que no les gusta el papeleo, los organismos profesionales responderían con formación y recursos para la gestión del tiempo. En cambio, la APTA y la AOTA centran sus esfuerzos en las normas que generan ese papeleo. Esa elección sitúa la causa en el sistema de requisitos, en lugar de en el profesional clínico que se sienta frente al teclado fuera de su horario laboral.

La defensa de esta postura también replantea qué se considera prueba. Que un solo terapeuta afirme que la documentación arruina su trabajo es una anécdota. Que una asociación profesional argumente ante los CMS que los requisitos de documentación perjudican el acceso, respaldada por encuestas a sus miembros y datos sobre la carga de trabajo, es una postura política documentada a la que responden los reguladores. El paso de la anécdota a la defensa de los intereses es lo que convierte esta carga en un problema de la plantilla, en lugar de una simple molestia en el lugar de trabajo, y explica por qué los patrones de abandono y agotamiento descritos anteriormente se tratan como consecuencias de la política y no como caprichos del temperamento.

Nada de esto aclara si la carga puede reducirse ni en qué medida. Lo que sí queda claro es que las personas cuya labor consiste en representar a la profesión han analizado el mismo problema y han llegado a la conclusión de que es real, cuantificable y merece años de esfuerzo regulador.

Modelos de delegación y dotación de personal que están probando las clínicas

Las clínicas que se enfrentan al problema de la documentación suelen recurrir primero a la dotación de personal, y la medida más habitual es delegar los tratamientos facturables y las notas asociadas a los auxiliares de fisioterapia y a los auxiliares de terapia ocupacional. Cuando un asistente de fisioterapeuta (PTA) se hace cargo de parte de la carga de trabajo bajo supervisión, el profesional clínico supervisor redacta menos evaluaciones completas y notas de evolución al día. Esa redistribución puede reducir las horas dedicadas a la elaboración de historiales individuales, pero no elimina la documentación del centro. La traslada y añade un nivel de supervisión que genera sus propios requisitos de cumplimiento normativo.

Los aspectos económicos complican el panorama. Contratar a un asistente de fisioterapia (PTA), a un asistente de terapia ocupacional (OTA) o a un transcriptor especializado supone un gasto salarial que se suma a unos márgenes que muchas clínicas ambulatorias y de asistencia sanitaria a domicilio ya tienen muy ajustados. La diferencia de pago de Medicare por los servicios prestados por los asistentes, que se aplica mediante los modificadores CQ y CO, reduce el reembolso correspondiente a la parte de la atención que presta el asistente. Una clínica que recurre a los asistentes para liberar tiempo a los profesionales clínicos asume a cambio una pérdida de ingresos, por lo que el cálculo de la dotación de personal rara vez se traduce en una ventaja clara.

Los transcritores y el personal de apoyo administrativo se centran directamente en el papeleo, en lugar de en el tratamiento. Un transcritor que documente durante la visita o inmediatamente después puede entregar actas reales al profesional sanitario, y algunas clínicas informan de que las notas del mismo día se terminan en el propio centro, en lugar de en casa. La limitación es que los transcritores necesitan formación en documentación específica de rehabilitación y en un lenguaje defendible, y un transcritor mal formado produce notas que el profesional sanitario tiene que reescribir de todos modos. Las normas de auditoría de las entidades pagadoras también regulan quién puede introducir qué datos, por lo que la delegación solo es válida cuando la documentación sigue reflejando el propio criterio clínico del médico.

Las normas de supervisión establecen el límite máximo de hasta dónde puede llegar esta delegación. Las leyes estatales sobre el ejercicio profesional, las normas de supervisión directa frente a la general de Medicare y los contratos con las entidades pagadoras dictan, cada uno a su manera, el número de asistentes que un profesional sanitario puede supervisar y qué documentos deben llevar su firma y su justificación. Una clínica puede delegar el volumen de tratamiento, pero la responsabilidad legal y de facturación del expediente recae en el profesional sanitario colegiado. Esa responsabilidad retenida es la razón por la que la delegación redistribuye la carga más que disolverla.

Nada de esto resuelve por sí solo el problema de la pérdida de personal. Los datos sobre rotación y agotamiento descritos anteriormente se remontan a un desajuste estructural entre la demanda de documentación y el tiempo disponible para ello, y añadir un asistente técnico de enfermería (PTA) o un transcriptor cambia la distribución sin modificar la demanda subyacente. Un profesional clínico que dedica menos tiempo a rellenar historiales, pero que ahora supervisa a tres asistentes y da el visto bueno a sus registros, ha cambiado una forma de carga administrativa por otra. La delegación es una herramienta que las clínicas están utilizando de verdad, y debe formar parte del debate junto con los cambios en los flujos de trabajo y la tecnología, en lugar de anteponerse a ellos.

Cambios en los flujos de trabajo, la programación y los procesos

Antes de adquirir nada, la mayoría de las clínicas empiezan por reorganizar la estructura de la jornada. Las medidas más económicas se centran en el momento en que se realiza la documentación, no en la herramienta con la que se elabora, y las clínicas llevan años experimentando con estas medidas operativas.

Las políticas de documentación en el mismo día son uno de los cambios más habituales. Algunas clínicas exigen que las notas estén completadas antes de que el profesional sanitario se marche, lo que evita la acumulación de historiales sin terminar que, de otro modo, los profesionales se llevarían a casa. Otras incorporan breves bloques administrativos directamente en la agenda, de modo que un profesional que atienda a ocho pacientes disponga de minutos reservados entre una consulta y otra, en lugar de tener que enfrentarse a una avalancha de trabajo de documentación a las 18:00 horas. Ambos enfoques implican una verdadera disyuntiva. El tiempo reservado para la documentación supone un menor número de visitas facturables al día y, en un entorno ambulatorio de pago por servicio, esto repercute directamente en los ingresos.

Las plantillas de notas y las formulaciones estandarizadas abordan otra parte de la carga de trabajo. Cuando una clínica acuerda una estructura para las evaluaciones, las notas de evolución y las notas diarias, los profesionales clínicos dedican menos tiempo a decidir cómo redactar los elementos exigidos por la normativa y más tiempo a registrar el contenido clínico que realmente varía. El riesgo es que las plantillas se conviertan en formularios estándar, y las entidades pagadoras y los auditores han señalado la documentación clonada o genérica como una señal de alerta. Una plantilla agiliza la redacción, pero no elimina la exigencia de que cada nota refleje las características específicas del paciente que tienes delante.

El procesamiento por lotes es la tercera táctica habitual, y tiene un doble efecto. Agrupar tareas administrativas similares, como tramitar todas las autorizaciones o firmar una pila de informes de una sola vez, reduce el coste de cambio que supone pasar del trabajo clínico al administrativo. Sin embargo, la documentación por lotes realizada al final del día vuelve a plantear el problema de la memoria que provoca retrasos en los informes y imprecisiones, ya que un profesional clínico que redacta seis informes a las 17:00 h está reconstruyendo las sesiones a partir de sus recuerdos. Las clínicas que prueban el procesamiento por lotes suelen agrupar el trabajo administrativo y redactar las notas clínicas poco después de la visita.

Ninguno de estos cambios requiere software, y esa es una de las razones por las que las clínicas los eligen en primer lugar. Suponen una inversión de tiempo y una revisión de las políticas, más que una decisión de compra, y una clínica puede revertir una regla de programación que no funcione en el plazo de una semana. Sin embargo, en la práctica, la mayoría de las clínicas llevan a cabo estos cambios de procesos y estos experimentos tecnológicos al mismo tiempo, en lugar de optar por uno u otro. Una política de documentación en el mismo día y una nueva herramienta de registro suelen ser dos partes de un mismo intento por liberar al personal clínico de la tarea de redactar notas por la noche.

El papel de la tecnología en el debate

La documentación asistida por tecnología se ha convertido en un tema tan importante como los cambios en la dotación de personal y los flujos de trabajo, y las clínicas la están probando por la misma razón por la que prueban los servicios de transcripción o las plantillas de notas. Quieren dedicar el tiempo que antes se empleaba en la redacción de historiales a la atención al paciente. El dictado por voz, las plantillas estructuradas que recogen la información de la visita y el software que redacta el contenido de las notas a partir de los datos clínicos prometen reducir los minutos que un profesional sanitario dedica a escribir tras una sesión. Que cumplan esa promesa depende en gran medida del entorno, de los requisitos de las entidades pagadoras y de lo bien que la herramienta se adapte a los hábitos de redacción de historiales existentes.

El escenario optimista se basa en un mecanismo sencillo. Si un médico puede dictar una nota durante la consulta o inmediatamente después, en lugar de tener que redactarla a las 19:00 h, la documentación deja de suponer horas no remuneradas. Algunas clínicas señalan que las plantillas estructuradas reducen la carga cognitiva que supone decidir qué escribir, lo cual es más importante que la mera velocidad de mecanografía para muchos médicos. El atractivo es real para cualquiera que haya terminado su jornada completa y aún tenga por delante una hora de historiales pendientes.

El argumento escéptico está igualmente fundamentado. La resistencia a la adopción es el primer obstáculo, ya que una herramienta que obliga a los profesionales clínicos a cambiar su forma de documentar suele suponer más tiempo durante el periodo de aprendizaje del que ahorra posteriormente, y algunos profesionales la abandonan antes de alcanzar ese beneficio. El retorno de la inversión es difícil de determinar, ya que la evidencia revisada por pares que vincule una tecnología de documentación específica con una menor fatiga profesional o una mayor retención en fisioterapia y terapia ocupacional es escasa. La confianza es otra cuestión aparte. Cuando el software redacta el contenido de las notas, los profesionales siguen siendo responsables de la exactitud y el cumplimiento normativo, y revisar minuciosamente una nota generada automáticamente puede consumir el tiempo que se pretendía ahorrar.

Ninguna de las partes ha zanjado la cuestión, lo cual refleja fielmente la situación actual del sector. Una herramienta que transforma el flujo de trabajo de registro clínico de una consulta ambulatoria puede fracasar en un centro de cuidados de enfermería especializada con normas de documentación diferentes y un perfil de pacientes distinto. Esa variabilidad es precisamente la razón por la que la tecnología debe situarse junto a los cambios en la delegación de tareas y la programación ya comentados, y no por encima de ellos.

La forma más sensata de interpretar la situación actual es que la tecnología de documentación es una de las herramientas a las que recurren las clínicas, y que se está probando con el mismo escepticismo y las mismas ventajas e inconvenientes que un nuevo modelo de dotación de personal. Puede que reduzca la carga de trabajo de algunos profesionales sanitarios en determinados entornos. Sin embargo, no se ha demostrado que resuelva un problema estructural que los cambios en la dotación de personal y en los flujos de trabajo tampoco han logrado resolver por sí solos.

A qué se reduce realmente la evidencia

La carga administrativa cumple los criterios de un problema estructural, no de un fallo personal. Los estudios de tiempo y movimiento muestran que los profesionales sanitarios pierden horas cada día en la elaboración de historiales; las encuestas al personal relacionan esa carga con el agotamiento, y los datos sobre la rotación de personal le atribuyen un coste. La APTA y organismos similares tratan ahora la carga administrativa como una cuestión de política, en lugar de como un conjunto de quejas individuales. Cada una de estas líneas de análisis apunta en la misma dirección y, en conjunto, describen una carga que acompaña a los profesionales sanitarios en todos los entornos y etapas de su carrera.

Lo que la evidencia aún no ofrece es una solución definitiva. La cadena causal que va del papeleo a la deserción está bien fundamentada, pero no es infalible, ya que el agotamiento tiene múltiples factores y los profesionales sanitarios abandonan la profesión por razones que la documentación por sí sola no puede explicar. Las clínicas están probando la delegación de tareas en asistentes de fisioterapeutas (PTA) y de terapeutas ocupacionales (OTA), en transcriptores y personal de apoyo, cambios en las plantillas y la programación, y la documentación asistida por tecnología. Ninguna de estas medidas ha generado el tipo de datos de resultados consistentes y publicados que permitan clasificar una por encima de las demás.

Esto deja a la profesión en una posición intermedia. La delegación redistribuye el trabajo, pero se topa con las normas de supervisión y los límites de los pagadores. Los cambios en el flujo de trabajo reducen las fricciones, pero dependen de una disciplina que se va erosionando cuando la carga de trabajo es máxima. La tecnología suscita tanto esperanzas como escepticismo, y su rentabilidad a gran escala aún no está demostrada. La mayoría de las clínicas que están avanzando combinan varias de estas estrategias a la vez y van evaluando los resultados sobre la marcha, en lugar de apostar por una única solución.

La conclusión útil es modesta. La carga administrativa es cuantificable, supone un coste elevado en términos de retención del personal clínico y, actualmente, se reconoce como un problema laboral que merece la pena abordar. La mejor forma de reducirla sigue siendo una cuestión abierta, y las clínicas que aprenden más rápido son aquellas que tratan su propia respuesta como un experimento, en lugar de como un problema ya resuelto.

Kevin Kaminyar
Director global de Crecimiento